Impresionado por la novedad, como todo aquel que ha nacido y se ha criado en la ciudad, me tocó una vez observar a un grupo de ovejas que eran guiadas adonde había mejores pastos. Avanzaba el rebaño y en medio de él iba el pastor. Algunas ovejas lo seguían más de cerca, otras se demoraban más y otras, a medida que el rebaño avanzaba, se iban quedando atrás. Me impresionó mucho ćomo el pastor iba al centro, atento a todas ellas, incluso diría que le preocupaban más las que se iban quedando en el camino. Entonces bastaba una mirada a los perritos que lo acompañaban para que ellos entendieran de inmediato el mensaje y, acercándose a las ovejas dispersas, las acompañaban al rebaño. No se quedaban tranquilos hasta que ninguna quedara atrás.
Esos ayudantes del pastor me hicieron pensar en mi vocación. Como sacerdote, cúantas cosas le toca a uno oír en un día. Es como quien día a día se sumerge en una estación del Metro y recorre por dentro la ciudad hasta que vuelve a aflorar a la superficie, al ajetreo de lo cotidiano. Así también uno se sumerge en la vida de una persona haciendo un viaje al corazón humano, palpando todas sus miserias y grandezas.
La vida no es fácil para nadie y la gente hace esfuerzos heroicos por ser feliz, por alcanzar eñ ideal. Pero la vida no siempre coincide con los principios, y con la humildad se debe aceptar diariamente nuestra frágil humanidad y dar el próximo paso posible que nos acerque el ideal.
En mis años de sacerdote nunca me ha tocado alguien que en la intimidad de la conversación pida que la iglesia cambie la doctrina que busca aterrizar el Evangelio. Más bien, la gente nos pide que seamos más humanos, que enseñemos la doctrina en un lenguaje entendible, que los acompañemos en sus fragilidades que, por lo demás, no son distintas a las nuestras. No basta con enseñar el ideal, hay que acompañar a acercarse a él a partir de la propia realidad. Jesús se presentó como el Buen Pastor y nos dejó como modelo pastoral esa imagen. A veces se percibe al pastor como el que cuida la doctrina y no tanto como el que protege al rebaño y que, para eso, se apoya en la doctrina que concretiza el mensaje evangélico. Esto es lo que me llamó la atención en ese grupo de ovejas que observaba, que en ellas el pastor que las guiaba no iba solo adelante, como siempre me imaginé, sino que iba en medio del rebaño.
Y más me llamó la atención que él era ayudado en su tarea por esos perritos, que se encargaban de ir a los grupos dispersos de ovejas. Estos fieles ayudantes no dejaban que ninguna quedara atrás del camino, ya sea porque era más lenta en comer pasto, por dificultades al caminar, porque estaba herida o, simplemente, porque estaba cansada. Entendí más que nunca la imagen del pastor en la cual insiste Jesús. El pastor es quien camina junto al rebaño y acompaña en el caminar. No solo sabe a dónde conducir al rebaño, sino que también no le da lo mismo que alguna oveja no entienda la ruta o no sea capaz de ir al paso exigido. El pastor se preocupa de ir al paso del más lento y tiene sus ayudantes no sólo para preocuparse de que el rebaño vaya en la dirección requerida, sino para que se preocupen especielamente por quienes van tomando otros caminos, no por mala voluntad, sino porque las circunstancias de la vida los van separando.
El objetivo no es que lleguen sólo los que pueden llegar, sino que lleguemos todos, que nadie quede fuera ni menos no se sienta acogido. Vivir esto como sacerdote no es debilidad ni relativismo, como algunos piensan; es seguir el mandato del Buen Pastor, que nos dice que si es necesario hay que dejar a las noventa y nueve ovejas que ya están en camino e ingeniárselas para ir a buscar a quienes el camino de la vida se les ha hecho cuesta arriba y ya no pueden seguir la huella.
No me quite lo único a color que tengo en mi vida
Friday, 21 de November de 2008
Un sacerdote me contó que visitando una vez a una señora que acudía a su parroquia pudo darse cuenta de que ella vivía en un campamento muy pobre dentro del territorio parroquial. Entrando a su casa vio las condiciones en que ella y sus tres hijos vivían. Era una mediagua con muy pocos muebles y con piso de tierra. Le llamó la atención que en esa pobreza ella tuviera un televisor a color.
Mientras tomaba té con ella y ya en un ambiente de más confianza, le planteó que no era lógico que en medio de esa pobreza ella tuviera tal televisor, que si lo vendía podría ponerle piso a su mediagua o arreglarla un poco más. Después de darle una batería de argumentos sobre este tema se quedó esperando su respuesta. Luego de recorrer con la vista el interior de la mediagua, ella lo quedó mirando y angustiada le dijo: "No me quite lo único a color que tengo en mi vida".
El sacerdote me contó que al salir de la mediagua y ver la basura en el campamento, el barro, la falta de árboles, el desorden y la pobreza que lo inundaba todo, le encontró toda la razón a la señora. Cuántas veces no hemos argumentado lo mismo que ese sacerdote y se nos olvida que los pobres también tienen derecho a tener algo de "color" en sus vidas.
¿Por qué a veces pensamos que los pobres no tienen necesidad de darse un gusto como todo ser humano?
¿Por qué cuando se hace algo en un sector pobre se hace feo, sin árboles, etc. en cambio, en otros sectores se preocupan de la estética?
¿Comó actuaríamos nosotros si viviéramos en un campamento?
¿Qué hacer para no olvidarnos que los pobres son seres humanos como todos?
¿Cómo se puede exigir a otros lo que uno no ha hecho?
Monday, 17 de November de 2008
Papás de un colegio particular de Santiago me invitaron a participar de una de sus reuniones que quincenalmente hacían. La reunión fue simpática, se habló de cómo educar a los hijos siendo consecuentes como papás con lo que se les exigía a ellos.
Al término de la reunión sirvieron algunas cosas para comer. Mientras estábamos en esto, una señora, sabiendo que yo trabajaba en un istituto de capacitación de trabajadores, me dijo que los trabajadores en Chile eran al lote. Como no le hice mucho caso al comentario insistió, con un tono más fuerte como para ser escuchada por todos, que no se sacaba nada con capacitar a la gente porque el trabajador en Chile era flojo, hacías las cosas al lote y cobraba lo que quería. A continuación agregó que ella tenía calefón que no le funcionaba y que fue a verlo un gásfiter a su casa, se lo dejó funcionando más o menos y le cobró más caro que lo que le cobraba la administración del condominio por arreglárselo. Le pregunté que desde cuándo tenía el cálefon. Me dijo que lo compró nuevo hace dos años y que nunca le había fallado. Lo más delicadamente posible le pregunté si había leído las instrucciones del cálefon al instalarlo, si había cumplido con lo que en ellas se recomienda para su periódica mantención. Como no había hecho nada de eso, le dije que por qué no acudió a la administración del condominio, que para eso estaba y que era lo adecuado en ves de arriesgarse con alguien que no conocía solo prar pagar menos, etc. y agregué: uno no solo tiene que ser consecuente con la educación de los hijos, sino que con todos, pues si uno teniendo más educación no hace ,o mínimo como leer las instrucciones de mantención ni cumple con ellas, ni tampoco paga lo que se debe sino que busca hacer un "arreglín", ¿cómo puede exigir de otros que han tenido menos educación lo que uno teniendo más no ha hecho?
¿Cuántas veces me amargo por un defecto mío y no soy capaz de verlo junto a mis cualidades?
¿Cuántas veces hablo de mis sueños e ideales y no soy capaz de concretizar nada?
¿Cuántas veces percibimos que todo está mal porque solo algo no nos resultó?
¿Qué actitud nuestra será necesaria para mantener el equilibrio o el ángulo adecuado?
Golpes que hacen crecer
Wednesday, 08 de October de 2008
Cuando yo era niño, recuerdo haber escuhado numerosas veces la canción
"Cura de mi pueblo", de Nicanor Molinare. Me emocionaba mucho oírla
interpretada muy bien por los Huasos Quincheros. Oyéndola con
nostalgia, tarareaba su letra que dice: "Cura de mi pueblo, cuando yo
era un niño, me dabas santitos, me hacías cariño". Ahora, que he vuelto
a oír la canción y a escuchar esa parte de la letra, ya no me produce
ni emoción ni ternura ni nostalgia. Más bien me duele pensar que puede
haver otra interpretación. Qué terrible, yo que crecí y que me ordené
sacerdote sin ni siquiera conocer que existía la palabra "pedófilo", ni
menos saber su significado. Hoy no sólo conozco la palabra y sé de su
significado, sino que, lamentablemente, como sociedad hemos tenido que
usarla mucho más de lo que hubiéramos imaginado.
Cuando esoty muy apurado, con poco tiempo, suelo optar por el horno
microondas. Es más rápido y fácil de usar que el horno tradicional. A
los pocos segundos, o minutos, la comida ya empieza a hervir en su
superficie y es necesario apagar el microondas y sacarla; de lo
contrario, corre el peligro de resecarse.
Pero muchas veces he notado que si bien la comida estaba hirviendo en
la superficie, en su centro estaba fría. Esto no sucede con el horno
tradicional. Es cierto que es más complejo de encender y de usar, y que
requiere de mayor tiempo para poder calentar la comida, pero también es
verdad que calienta la comida de manera mucho más pareja.